Noviembre 1995
Morelia, Michoacán
Congreso Nacional de la Asociación Psicoanalítica
Mexicana
Grupo Mamut
su formación, desarrollo y aplicaciones.
José Luis Gonzalez
Rosa Döring
Jorge Margolis
Formación.
Más
de 80 años (entre nosotros tres) de práctica de psicoanálisis de grupo nos ha
permitido como línea de investigación la aplicación de las técnicas a grupos
cada vez mas grandes. Por el número de sus participantes hemos bautizado la
experiencia con el nombre de grupo mamut.
El mayor de los que hemos manejado tenía 180 personas pero todavía
esperamos un evento que abarque más de 300 participantes.
Al principio iniciamos la experiencia como una investigación y rápidamente
nos percatamos de su utilidad.
Uno
de los antecedentes más lejanos fue cuando uno de nosotros en un Congreso de
Grupos en Checoslovaquia vivió la experiencia del manejo psicoanalítico de un
grupo grande donde todos se quedaron sentados en un círculo gigante dejando que
la comunicación se diera, como asociación libre, con un solo coordinador que
intervenía con interpretaciones y al final de la experiencia explicó la
dinámica general de la masa.
La
experiencia en Laboratorios de Relaciones Humanas es otro de los antecedentes
que nos sirvió como estimulo para
el trabajo del grupo mamut.
Posteriormente
cuando se abrió la Clínica para la comunidad en la Asociación Mexicana de
Psicoterapia de Grupo, volvimos a
investigar una experiencia de recepción grupal de la Clínica que se convirtió
en grupo de admisión y espera.
Posteriormente
todo un grupo de 35 pacientes fue tratado por dos años con un encuadre de
trabajo quincenal, durante 5 horas .
En
el Congreso Internacional de Grupos en la Cd. De México en l983 invitamos
a la concurrencia a una experiencia grande grupal y el manejo y resultado
fueron muy halagadores y nos incitaron a seguir trabajando .
Fue el primer grupo mamut.
A
partir de entonces hemos trabajado una veintena de grupos mamut
en instituciones, escuelas, congresos
psicoanalíticos, y en situaciones de emergencia.
Algunas
veces el grupo mamut trabajó sin nombre y otras veces, como una investigación
específica, por ejemplo, envidia y creatividad, la familia, el complejo de edipo , investigaciones
sobre la sexualidad, cultura
y sueños , etc.
En
términos generales hacemos una invitación abierta para que las personas
participen en el grupo mamut, sólo especificamos que traigan ropa cómoda y
haber comido ligero. También
pedimos un salón amplio, alfombrado y sin muebles y hemos visto últimamente la
necesidad de utilizar un micrófono inalámbrico.
Por supuesto no hacemos ninguna selección y nunca hemos tenido problema
importante con algún asistente. Recibimos
a personas de cualquier edad y
diversas clases sociales, casi siempre estudiantes o profesionistas. El número mínimo que consideramos adecuado para el manejo
del grupo mamut es de más de cincuenta. Hemos
observado que la dinámica de menos de 50 personas, obstaculiza el
grupo mamut y que puede desarrollarse en sí como grupo pero con
diferente dinámica del grupo mamut. De
hecho estamos presuponiendo una masa humana que se reúne con la finalidad de:
tener la vivencia grupal.
En
cuanto a la duración del grupo
mamut, tenemos en cuenta un mínimo de 4 horas y hemos tenido experiencias de
hasta 12 horas dependiendo del tema
.Los que suscribimos somos el
equipo que más frecuentemente ha hecho el mamut, y con nosotros han trabajado
Sally Margolis, Juan Guadarrama y Lilian Dubson.
Excepcionalmente uno de nosotros puede hacer un mamut solo. Si el horario
de trabajo pasa de las cinco horas, pedimos a los participantes que traigan un
lunch el cual es compartido y /o se
organiza colectivamente como experiencia grupal.
DESARROLLO.-
La
masa nos espera en el salón de trabajo en pequeños grupos de conocidos y
desconocidos. El primer impacto del
encuentro se da a la hora señalada, cuando los terapeutas entramos al salón,
generalmente los participantes están instalados alrededor de las paredes, a
veces agrupados por conocimientos previos .
El impacto es para los participantes así como para los coordinadores, el
momento en que nos miramos.
Nuestra tarea es transformar esa masa, que nos esperaba, en un grupo de
trabajo en un clima de seguridad psicológica donde cada uno sienta confianza
para decir cosas personales e íntimas.
Le
pedimos a cada persona que se quite
los zapatos, a la vez que nosotros lo hacemos.
Es el primer paso para quebrar el encuentro convencional
y empezar a crear la atmósfera colectiva, adecuada para el trabajo del
mamut.
En
seguida pedimos a los participantes que camine cada uno en
silencio, metiéndose con las sensaciones de su cuerpo,
para que su yo se expanda y
sea receptivo y conozca el espacio en el que vamos a desarrollar el mamut. En
seguida les pedimos que comiencen a mirar a los demás,
tratando de registrar el
tipo de miradas como por ejemplo,
miradas dulces, y amistosas, rechazantes o enojosas, etc. y que se saluden o se
toquen si así lo desean . Los
hacemos caminar con diferentes ritmos y poco
a poco se va produciendo lo lúdico
de la experiencia, y el grupo va mostrando mucha creatividad que va dando cohesión
grupal, que obedece a que un grupo de fantasías individuales, inconscientes
entre en resonancia con las fantasías de los otros miembros del grupo, construyéndose
así una imago común.
A veces incluimos el masaje lúdico o cualquier situación que consideremos que puede ayudarnos a la unión Los coordinadores participamos de todo lo que vamos proponiendo, con el fin de ir venciendo resistencias y aumentando el conocimiento de unos con los otros, de esta manera se va creando la confianza originaria del grupo que permite disminuir las ansiedades esquizoparanoides del inicio del grupo.
El
momento del pasaje de la movilización y calentamiento a la verbalización es de
trascendental importancia, requiere que los coordinadores entren casi en una
elación maníaca para favorecer la participación colectiva del grupo de
trabajo.
La
sensibilidad de los coordinadores hace
percatarnos que el conjunto de personas está en disposición de iniciar el
trabajo colectivo. Generalmente
hacemos dos ruedas concéntricas, todos sentados y al centro pasan los que
quieren compartir sus fantasías,
temores, expectativas, inquietudes y sueños
que sean alusivos a la experiencia que se está llevando a cabo.
De
la psicodinamia de este material extraemos los elementos básicos para todo el desarrollo de la sesión, o sea que leemos psicoanalíticamente la situación
y toda la información, las fantasías hegemónicas inconscientes del grupo y de
acuerdo con ellas desarrollamos los
pasos siguientes que nos llevan al
fluir del proceso ,
En
nuestras técnicas contamos con dinámicas de grupo, juegos movimientos
corporales y escenas dramáticas, dependiendo del momento del desarrollo y de la
singularidad del grupo vamos eligiendo lo que el grupo necesita, favoreciendo más
la espontaneidad que la
dirección que los terapeutas pudieran dar..
En
este momento una de las labores mas importantes de los terapeutas es buscar un
equilibrio entre la posición depresiva y esquizoparanoides descritas por
Melanie Klein. Tomando en cuenta las
fantasías esquizoparanoides con sus ansiedades persecutorias, tenemos un
cuidado especial para evitar la disociación del grupo. Hemos tenido la
experiencia que estos temores se organizan en ocasiones con equivalentes de
banquetes totémicos, que es el temor más grande de los coordinadores: que el
grupo nos trague.
Manejada
esta situación adecuadamente caemos en las ansiedades depresivas que se
manifiestan en lo grupal en su parte mas destructiva como aburrimiento y falta
de interés por el trabajo. Manejar este vaivén grupal adecuadamente permite el
desarrollo y continuidad de la tarea. La
ventaja de que los terapeutas tengan un conocimiento profundo entre ellos
permite ver el momento grupal desde distintos ángulos y perspectivas por lo
cual, cualquiera de nosotros al percatarse de estas emociones
tan primitivas es capaz de modificar la tarea para recuperar el placer
del trabajo grupal.
Una
de las finalidades de esta experiencia es la acumulación de conocimiento tanto
en la dinámica grupal como en el tema de trabajo del grupo. Periódicamente
debemos hacer explícito lo que está pasando “en el momento, aquí y ahora
porqué esta pasando y cómo se llegó a ello”. Por lo tanto, nuestras
intervenciones tienen dos calidades discernibles: una cuando interpretamos de
manera psicoanalítica en la que incluimos la parte pulsional, defensiva y la
dinámica de los personajes involucrados y otra cuando optamos por las
intervenciones de enseñanza y así, los participantes irán aprendiendo de las
dinámicas de grupo. Por supuesto, observamos y entendemos más de lo que
verbalizamos, ya que nuestras intervenciones se dirigen a orientar el desarrollo
del mamut. Nunca a intervenciones terapéuticas personales. La acumulación de
estos conocimientos nos permite enfrentar toda
clase de emergencias en las diferentes
experiencias grupales.
Al
principio cuando tenemos nuestras primeras intervenciones
estas operan
en el grupo como las
sugestiones hipnóticas produciendo
un estado de ensoñación colectiva y define
nuestro liderazgo .
En
el momento en que sentimos la transferencia grupal en su disposición máxima de
trabajo, la fascinación que esto nos
provoca plantea fácilmente
el dilema de transformar al grupo para la satisfacción narcisista y perversa
del deseo de los terapeutas o mantener la posición terapéutica de
favorecer los instintos de
vida grupal que llevan a la realización creativa.
Cuando
estan en el centro los que han hablado de sus sueños, fantasías y temores
les preguntamos a los del circulo exterior con cuáles de los
relatos se identifican
y que se coloquen atrás del elegido para que así sepamos qué
se va a dramatizar y de esta manera se organizan pequeños grupos
que participan en una dinámica distinta donde cada uno da más de sí
mismo.
En este momento ya tenemos el hilo conductor del proceso del mamut,
que es diferente en cada ocasión, pues cada grupo tiene su dinámica
específica y su vida propia que está dada
tanto por la dinámica, por la estructura del grupo y por la idiosincracia del
mismo. Lo anterior nos da la posibilidad de la comprensión psicoanalítica
al conocer las relaciones
intrasubjetivas, intersubjetivas y transubjetivas.
A partir del momento en que hemos
escuchado y hemos promovido la profundización de las experiencias oníricas,
fantasías y temores de los participantes se produce el máximo de cohesión e
integración de este momento del
proceso y es entonces cuando generalmente hacemos una subdivisión de pequeños
grupos para trabajar. En los pequeños
grupos el individuo tiene la
satisfacción de verbalizar, profundizar, crear
y recrear los elementos que surgieron en el círculo interior.
Así se organizan distintas dramatizaciones en las que también tiene
lugar lo lúdico. Este trabajo de
los pequeños grupos luego se comparte con el grupo en su totalidad y de esta
manera tanto el individuo, como el pequeño grupo, como el grupo grande viven,
conviven y comparten los
conflictos, sueños y fantasías de todos.
Esta experiencia profundiza la cohesión grupal y es una de las características
más importantes del mamut.
En
esas diferentes etapas debemos estar más atentos a las manifestaciones de
cohesión y o dispersión del grupo pues es cuando intervienen los impulsos auto
y heterodestructivos que tienden a obstaculizar la experiencia.
El cambio lúdico de un juego a otro mantiene la atención y revive el
entusiasmo Todos los individuos tienen la posibilidad de hacer identificaciones
con las fantasías hegemónicas que
están en juego.
Al
terminar esta etapa del proceso del mamut generalmente volvemos a las
experiencias corporales lúdicas, relajantes, que nos permiten cerrar esta etapa
con una silenciosa reflexión individual.
Esto nos abre el camino a la parte más emocionante del mamut que tiene
que ver con su representación plástica. Todo el grupo, todos los individuos
que lo forman se tienen que poner de acuerdo para la representación.
Es
este el momento de mayor integración lúdica en la que impulsos eróticos y
agresivos se manifiestan ampliamente en el juego de hacer el mamut.
El ponerse de acuerdo representa y diferencia las partes de un animal totémico:
mamut. Tienen que ponerse todos de
acuerdo para formar subgrupos que van a constituir el animal incluyendo una piel
que contenga el todo. De esta
manera aparece vívidamente dramatizado el
nacimiento del animal totémico,
el mamut que integra a todos los
participantes del grupo en una
unidad dramática. La lectura de
estos hechos nos da la vivencia de lo que Freud describió como el principio del
yo, ante todo corporal que no solamente es la proyección de sus órganos
internos sino de la propia piel que reviste el organismo.
Así el yo corporal del principio se transforma en el yo psíquico del
mamut totémico, De esta manera se construye el mamut y permite el mismo
nacimiento del mamut al instante
que se representa.
En
las últimas experiencias que hicimos de grupo mamut, se conformó la
dramatización en un macho y una hembra y se pudo observar no solamente la
escena primaria sino la manera en que nuestra cultura se expresa en sus
distintas manifestaciones de sus funciones sexuales. Así, observamos la forma
de relación de objeto parcial y vimos un pene agresivo y destructivo no
integrado al cuerpo. La relación sexual no fue el producto de una relación
cariñosa y amorosa sino que se dió de manera torpe, disruptiva y sin tomar en
cuenta verdaderamente a la hembra. La hembra favoreció totalmente esta actitud
del macho colocándose en una situación infantil, inocente y pecaminosa, que
pretendiendo coquetear graciosamente, resultó agredida y despanzurrada. Por
supuesto, esto no favoreció una relación sexual completa, madura y amorosa.
Esta
forma de expresar la sexualidad, nos remite a las disfunciones sexuales mas
conocidas en nuestra cultura, a saber, eyaculación precoz y anorgasmia.
En
el último mamut en provincia, se dividió el grupo en tres subgrupos grandes
que dramatizaron al mamut padre, madre y bebé. La única consigna que dimos fue
que los padres copularían y aunque al bebé mamut no le explicamos qué hacer,
obviamente cuando intuyó la posible vida sexual de los padres, se comportó
como los cachorros humanos, manifestó hambre, sueño, ganas de orinar, etc.
cuando los padres se empezaban a coquetear. Los mamut adultos, a veces con
paciencia y otras violentamente, trataban de calmar al bebé, dándole de comer
las macetas que encontraron en la decoración de los muros del hotel donde estábamos.
La comprensión de lo anterior nos mostró las facetas del Complejo de
Edipo desde sus raíces más tempranas en que la ambivalencia de cada uno de los
tres personajes es recíproca y complementaria y el equilibrio del famoso triángulo
se vuelve muy precario. Muchos de los psicólogos que jugaron en esta
experiencia exclamaron, pasmados: ¡Por fin entendí el famoso complejo de
Edipo! e hicieron confesiones acerca de lo masculino, lo femenino y la
bisexualidad del ser vivo. Una vez más la cultura sexual
religiosa se hizo manifiesta en sus raíces más tempranas con
ambivalencias recíprocas y complementarias en las tres direcciones: madre, hijo
y espíritu santo.
Como
elaboración de esta experiencia hablaron los participantes acerca de sus
propias actitudes sexuales, de mitos y fantasías y sobre todo, fue importante
lo que dijeron respecto al género opuesto, ya que en el mamut macho había
muchas mujeres y por supuesto, en el mamut hembra había también hombres
conformándolo. Gracias a la dramatización plástica de estos mamuts con su
expresión lúdica, pudimos entender que 80 personas hubieran hablado
abiertamente de su intimidad con franqueza y sinceridad. Lo que se aprende
visceralmente y se relaciona a ciertos momentos y caras es muy difícil
olvidarlo.
Generalmente
estas últimas dramatizaciones corresponden al final de la experiencia. Se
coloca al grupo en círculo grande y se les invita a hablar con lo que expresan
un sinnumero de comentarios que denotan la cultura y el aprendizaje grupal.
A
menudo terminamos el grupo mamut pasando nosotros al centro del círculo y
haciendo como que estamos solos, elaboramos con un franco diálogo interclínico,
las vivencias, emociones y aprendizaje de la experiencia grupal. Estas
confesiones contratransferenciales conforman la experiencia desde el punto de
vista yoico, racional y siempre hacemos énfasis en lo que hemos aprendido.
Aplicación
El
grupo mamut ha tenido muchas aplicaciones. En estos tiempos de crisis y
desconfianza se perfila una utilización del grupo mamut como un grupo que sirva
para la integración social en instituciones que se reunan con el objetivo de
que sus miembros y participantes puedan tener una experiencia que les disminuya
las ansiedades esquizoparanoides y que a la vez permita la “puesta de
camiseta” de la institución. Un ejemplo de este uso del grupo mamut ya lo
experimentamos cuando en la Sedesol se hizo una reunión nacional de
capacitadores y enlaces de toda la república. El grupo mamut tuvo la intención
de que los participantes se conocieran y a la vez, mediante juegos dramáticos
pudieran compartir y vivenciar colectivamente las ansiedades que se vislumbraban
para su trabajo. Los participantes desarrollaron una serie de escenas acerca de
como iban a aprovechar las enseñanzas recibidas y salieron a luz una cantidad
importante de los obstáculos con los cuales se iban a encontrar.
Indudablemente la experiencia más valiosa de las aplicaciones
del grupo mamut fue la que realizamos los que escribimos, a raíz del sismo de
septiembre de 1985. La Unicef nos contrató para trabajar con 80 personas
voluntarias de la comunidad, que prestarían sus servicios para organizar a los
damnificados.
La primera reunión fue todo un sábado y consistió en contener las
ansiedades, oír experiencias y lamentos, ante la decepción de la impotencia
frente a la magnitud del desastre.
Durante cuatro meses continuos trabajamos con 80 voluntarios que deseaban
ser Promotores de Salud Mental (PSM). Nos reunimos con ellos en el salón de
baile del edificio Sandía de la Casa Hogar para niñas del DIF. Utilizamos
todas las técnicas pertinentes para el desarrollo del trabajo que encuadramos
así: una reunión de 4 horas todos los jueves; una sesión de 12 horas -comida
incluida- cada mes y dos video tapes de dos horas cada uno con fines didácticos.
El grupo se dividía en dos: los que en las primer
gros
muy significativos, ya que el grupo fue de aprendizaje, de contención, terapéutico
y de supervisión didáctica. Los PSM iban a la comunidad para hacer grupos con
damnificados y de esta manera, los voluntarios con efecto multiplicador,
trabajaban con miles de personas y el material que los abrumaba era el que traían
a supervisar con nosotros.
El primer tiempo de nuestro mamut fue para entender la angustia y
desesperación que los abrumaba y por lo tanto, tuvo un carácter terapéutico.
Después se organizaron en brigadas que eran supervisadas en pequeños grupos y
luego comentadas en asamblea, sirviéndonos siempre de enseñanza para la
conceptualización de lo que entendemos por salud mental.
Frente al desastre ocurrido, la gran ciudad sufrió una inversión total
y salieron a la luz el hambre, el sometimiento, la corrupción, la miseria, la
prostitución, etc., que estaban enmascarados por la aparente felicidad y
prosperidad del Distrito Federal. Podríamos comparar esta situación con un
gigante que cae fulminado por un infarto masivo. Su convalecencia y recuperación
son procesos que todavía estamos viviendo.
También pudimos observar en las supervisiones semanales lo peor y lo
mejor del ser humano. Los aspectos libidinales y la sublimación de la
agresividad llevaban a la fraternidad y solidaridad -antes del manoseo que se
hizo de este concepto-, entre los damnificados y los PSM.
Desde el punto de vista antropológico, la magnitud traumática borró
los logros culturales de nuestra sociedad, apareciendo los instintos más
primitivos del hombre y una recurrencia intensísima al pensamiento mágico y
religioso. Los damnificados se colocaban en una situación de pasividad,
esperando que les "cayeran del cielo" todos los dones que creían
merecer por el castigo sufrido. Esto dio lugar a toda clase de prácticas mágicas
y esotéricas que siempre están latentes en el hombre.
Los sentimientos religiosos se desplegaron con gran ambivalencia: decían
que el 12 de diciembre habría un temblor mucho peor que terminaría con el Anáhuac.
Así la Guadalupana, madre de los mexicanos, transformada en Coatlicue,
aniquilaría la vida de sus hijos.
Otra ilusión fantástica fue que en la Navidad tendrían los regalos soñados
toda la vida y nosotros sabíamos que la ayuda gubernamental iba a terminar con
el año, por lo que nuestros PSM se encargarían de acompañar a los
damnificados en la miserable
realidad de lo ocurrido para que se organizaran e hicieran algo práctico y
eficaz.
La regresión de los damnificados llegó al extremo de
ansiedades intrauterinas, que se dramatizaban por la realidad de los
sepultados vivos y de los que habían sido desenterrados. Algunos damnificados
se quedaron en el albergue, pasivamente, esperando que todas sus necesidades
fueran satisfechas, de la misma manera que un feto espera para su nacimiento.
Hubo un mito del niño con el que se podían comunicar a través de los
escombros y se utilizó por los medios de comunicación para elaborar la
angustia y mantener la esperanza de resurrección.
La triste realidad en los albergues llevó rápidamente a robos,
prostitución, fantasías de embarazo y nacimiento y a graves conflictos
-incluso armados-, para mantener el minúsculo territorio de cada familia. Estas
situaciones parecen reproducir lo que Freud nos habló en Totem y Tabú de la
horda primitiva donde la fuerza bruta domina.
Con satisfacción, pudimos comprobar la labor de nuestros PSM, ya que su
eficacia y participación coherente fue de gran valor ante el caos regresivo de
los damnificados.
Para finalizar hemos querido transmitirles que en el análisis individual
o en el de pequeños grupos, las expresiones verbales, por importantes que sean
-incluyendo dramatizaciones-, no se comparan con la gran riqueza e intensidad lúdica
del grupo grande y efímero que es el mamut, en donde los coordinadores vivimos
las experiencias a las que nos hemos referido: drama, elación, amor, odio y
toda la gama de afectos del ser humano que se despliegan ante nosotros con una
infinita riqueza.
Nuestra labor interpretativa como trabajadores de salud mental es
favorecer la experiencia, su propio impulso y desarrollo, y ayudar al
aprendizaje e integración del ser humano, de su cuerpo, de su sociedad y del
medio ambiente que lo rodea. En la medida en que esto se puede lograr, hemos
ayudado con nuestro trabajo a dar un empujón más hacia el bienestar humano.
Muchas gracias