Grupo de adolescentes de diseño multifamiliar para los Equipos de Salud Mental de Camas, Macarena Norte y Rinconada.
Berta Stiefel, Javier Díaz y Marisa Embid.
Necesidad
Una parte de la patología que sirve de pretexto a la demanda a salud mental entre 15 y 19 años, puede incluirse dentro de lo que denominamos Crisis Adolescente
Aunque, posiblemente, todos los que usamos este término tenemos contenidos diferentes para definirla, aquí vamos a entenderla como la crisis que se produce cuando el niño ya no es niño y aún no es adulto. La repercusión social y familiar suele ser tal que, cuando se comporta como niño se le dice que ya no lo es y se le induce a comportarse de forma más adulta; y cuando quiere privilegios de joven, (más libertad, expresar su opinión, llegar más tarde, etc.) se le dice que aún es un niño. Es decir se trata de una situación de ambigüedad social, que hace que el sujeto sea exigido desde dos parámetros comportamentales incompatibles. No hay, pues, una línea divisoria clara que permita diferenciar al niño del adulto y que le permita diferenciarse a él. Sólo la mayoría de edad a los 18 años que parece diferenciar, más bien, al adolescente del joven, marca una diferenciación pero exclusivamente a efectos legales que tienen poca resonancia en la vida social. Nos damos cuenta al redactar este texto que esta ambigüedad afecta nuestro lenguaje al existir múltiples términos solapados (prepubertad, pubertad, adolescencia, juventud, et.) Con limites imprecisos, que nos dificultan la redacción.
En otras culturas existen ritos de iniciación que dejan claro al niño y a sus mayores cuando muere el "niño" y nace el "hombre" estableciendo limites claros a la niñez y a la adultez, ofreciendole a todos los integrantes de dichas culturas una salida clara a esta ambigüedad. Recordamos aquí el papel de la ambigüedad definido por Bleger (1984) como persistencia de elementos primitivos no discriminados que están en la base de la sintomatología psíquica. Y en el modelo de Beck como un error básico del procesamiento de la información. Por su parte, en el modelo de la cebolla, construido por dos de los autores y pendiente de publicación, determinamos cinco niveles de evolución de la experiencia humana individual y grupal, el más básico de los cuales y, por tanto, el más lejano a la conceptualización lógico-formal y a la eficacia es este nivel de lo aglutinado.
Raíces técnicas del trabajo:
La estructura que hemos organizado se nutre de tres fuentes bien definidas:
a. De la técnica de grupos multifamiliares, en la que dos de nosotros tenemos experiencias previas. utilizada por Badaraco en comunidad terapéutica de psicóticos, Elkaïm en sus trabajos sobre redes, y diversas comunidades de tratamiento de toxicómanos.
b. Del sistema de trabajo por objetivos en familia, tal como es habitual en el encuadre sistémico, en la que los tres autores tenemos experiencia.
c. Del conocimiento del trabajo de inspiración chamánica, en el que uno de nosotros tiene experiencia.
La situación vital del joven en nuestra cultura.
A La problemática de la dependencia-independencia.
La salida del status de niño y la entrada en el status de adulto. La mirada sobre este paso en nuestra cultura nos desvela la existencia de unos límites imprecisos, borrosos, y muy largos en el tiempo. La demora en la adquisición de la capacidad de adulto de poder acceder a los bienes económicos para ser capaz de mantener una familia propia (posibilidad de desarrollar los roles de padre y madre adultos) hace que el sujeto, manteniendo la capacidad biológica de procrear -en torno a los 14 años- sin embargo sea socialmente considerado no-adulto. Esta demora temporal coloca al sujeto -preparado biológicamente a la adultez (existencia de deseo sexual, amoroso e interés en la procreación), pero inmaduro socialmente a la misma- en una posición de dependencia económica y social, cuando el cuerpo le demanda la necesidad de ser reconocido como adulto (derecho a una vida sexual adulta). Esta doble posición que puede alargarse algo más de diez años, y que en los últimos años parece llegar a eternizarse como un efecto lateral del paro, y de los contratos basura, tiende a fomentar lazos de dependencia de los padres, que en el peor de los casos, amenazan con arrastrarse a lo largo de toda la vida, o colocan al sujeto en una continua guerra de tipo rebeldía -sumisión.
B De cómo en otras culturas se resuelve este paso.
A veces los terapeutas nos comportamos como si a lo largo de su existencia la humanidad no hubiera desarrollado, con algunas posibilidades de éxito, la confrontación al dolor y a los problemas básicos del vivir, hasta que Freud planteara los esquemas del psicoanálisis. Convencidos de la miopía de estos planteamientos hemos intentado obtener de la sabiduría chamánica aplicada al problema de los cambios de identidad, o del paso de la niñez a la edad adulta, una guía para aplicar a la misma problemática entre nosotros. El tratamiento del tema en otras culturas se caracteriza por:
1 La clara diferencia entre la posición del niño y la del adulto, que se puede caracterizar por:
El Status de niño está definido:
-Nombre con un sufijo que denota niño (en nuestra cultura podría ser sufijo diminutivo ito (Pedrito, es decir Pedro niño)
-Lugar de vida (la casa de los padres)
-Roles apropiados. (pequeñas responsabilidades en el hogar etc...)
El Status de adulto también está definido:
-Nombre con un prefijo que denota sexo y adultez. (En nuestra cultura el equivalente sería Don Pedro o Pedro)
-Lugar de vida (Casa de mujeres-hombres solteros)
-Roles apropiados. (Acceso a la sexualidad adulta de pareja, hábitos de adultos, acceso a los bienes "económicos": la caza etc...)
Margaret Mead (1984) escribe sobre la crianza en Samoa "la comunidad ignora tanto a los muchachos como a las jóvenes, desde el nacimiento hasta que tienen quince o dieciséis años de edad. Los niños menores no tienen una posición social, actividades de grupo reconocidas o parte en la vida social... Pero un año o dos después de la pubertad - la edad varía de aldea en aldea...- varones y mujeres se reúnen en agrupaciones similares a las de los adultos; se les da un nombre para su organización y se les confieren obligaciones definidas y privilegios en la vida de la comunidad (pag.85).
2 La existencia de un paso perfectamente definido y ritualizado de cambio de una situación a la otra. Dicho cambio está dirigido por el Chaman (El hombre medicina, que aúna el mundo de los espíritus con la realidad cotidiana, y que se hace cargo tanto del cuidado espiritual de la comunidad como del sanitario) y sancionado por la tradición: nos estamos refiriendo a los ritos iniciáticos a la adultez.
Este rescate de aspectos de la sabiduría chamánica en la intervención en salud mental ha sido utilizado también en las intervenciones de red. Así, Mony Elkaïm (1995), comenta cómo asistía a reuniones de la Comunidad portorriqueña con médiums. Entiende que la actuación del médium consiste en redefinir el mal sufrido por el consultante, como consecuencia de un proceso comprensible para el conjunto de los presentes. Interpreta que esta redefinición interrumpe el proceso de marginación y crea una red de solidaridad entorno suyo.
En el mismo texto Speck habla de la red como la tribu a la que pertenece el individuo, e inicia sus intervenciones con una retribalización utilizando ejercicios que provocan en el grupo un estado hipnótico en que cobran conciencia del lazo entre ellos. Después, y siguiendo el modelo de las antiguas sociedades tribales en que la tribu se ocupaba de resolver los problemas existenciales de los miembros, el equipo de intervención en red funciona como un catalizador que hace progresar la acción induciendo una modificación de las relaciones entre los miembros de la red.
Por su parte, Harner y otros (1988) caracterizan al chamán como un servidor público "... en una sociedad tribal, la mayor parte del trabajo del chamán va encaminado a ayudar a los demás (Pag.30).
C El Ritual iniciático como frontera implica:
-Salir de la casa de los padres a donde nunca vuelven a vivir.
-Ser grupalizados con los iguales, con los que después seguirán conviviendo.
-Tomar alucinógeno para:
1-Morir la identidad del niño que fueron.
2-Renacer al ser adulto (bautizo). Adquisición de una nueva identidad, quizás totémica.
-Volver al poblado a un nuevo hogar. La casa de los adultos solteros.
D El grupo de adolescentes; su uso para abordar las demandas de Familias con adolescentes (de 15 a 18 años) en salud mental.
A nuestro juicio el grupo de adolescentes intentaría suplir esta función de cambio del auto y hetero reconocimiento como niño, al auto y hetero reconocimiento como adulto, aunque en dependencia económica -que no psicológica- de los padres. Para ello habría que trabajar grupalmente con los niños para ayudarles a comenzar a percibirse como adultos, y con los padres para ayudarles a percibir y aceptar a sus hijos como tales.
Consideramos que muchas demandas en el rango de edad entre los 15 y 19 años se basan, en dificultades para crecer y diferenciarse del chico dentro y fuera de la familia, y/o de la familia para fomentar o, al menos, permitir este crecimiento y diferenciación.
Otras demandas, quizás de mayor gravedad, responden a lo que desde la teoría psicoanalítica se definía como la reedición de conflictos infantiles no solucionados adecuadamente. Chicos cuya estructura de personalidad era ya débil y muy vulnerable en la infancia, hacen crisis graves cuando deben enfrentarse a los requerimientos del crecimiento. En estos casos, y aún con más motivo, la problemática dependencia-independencia, y la dimensión familiar son cruciales en el problema, ya que si el chico fue tímido, quizás la familia lo sobreprotegió, si fue inquieto o agresivo, también fue receptor de gran cantidad de violencia y descalificación, etc.. Es en este sentido que García Badaracco (1989) habla del proceso terapéutico de personas con patología psicótica grave en el marco de una comunidad terapéutica multifamiliar caracterizándolo como "... un conjunto de cambios que se dan en el individuo, en sus familiares y en el grupo familiar como una totalidad, en el sentido de una mayor maduración de la personalidad de cada uno de ellos, una mayor individuación y personalización de sus miembros dentro de grupo y, como consecuencia, un logro de relaciones interpersonales más maduras entre los mismos" (pag.85).
Por último, y desde una perspectiva familiar y sistémica hablamos de la crisis de individuación como la resistencia familiar a permitir la mayor diferenciación de alguno de los miembros-hijos. En este caso, la gravedad de los síntomas sería proporcional a la rigidez de la estructura familiar. Como ejemplo, basten las ideas de Bowen (1993) sobre la inmadurez de los abuelos y de los padres que pueden generar un problema de inmadurez grave en la tercera generación. Cuando la madre proyecta en el hijo su sentimiento de inadecuación e invalidez, cuidándolo, no por él mismo, sino por la imagen que ha proyectado en él. Así, la mayor amenaza para la madre es el crecimiento del hijo, que puede desencadenar en ella un aumento de exigencias, amenazas y retaliaciones. Esto sucede fundamentalmente en la adolescencia, como etapa de muchos cambios. De forma que cualquier movimiento hacia la independencia realizado por el adolescente provoca una respuesta de la madre para hacerlo retroceder a la posición de indefenso. En estos casos, Bowen observaba que el paciente mejoraba cuando se flexibilizaban los patrones familiares fijos y los padres tenían cada uno, una respuesta más emocional hacia el otro.
En otros casos, describe Lidz (1965) como la falla de los miembros de la pareja para encontrarse en sus necesidades hace que canalicen hacia el hijo dificultades que son de ellos. El "cisma marital" en que la familia se mantiene junta a pesar de las discrepancias abiertas, o el "sesgo marital" en el que una armonía manifiesta enmascara el desentendimiento encubierto, conducen a la seducción de los hijos por uno de los padres en procura de alianzas patológicas.
Por último, Wynne (1958) se plantea que en las familias con pacientes graves (en este caso, miembros esquizofrénicos) cada miembro se preocupa por un ajuste dentro de papeles fijos a expensas de la identidad individual. La divergencia está prohibida ya que se vive como peligrosa o que puede conducir a la ruptura de la relación.
Por otra parte una característica típica de esta demanda es que se presenta como una "Demanda delegada": La situación típica en la adolescencia, así como en la psicosis y en las toxicomanias, es que el sufrimiento y la petición de intervención estén asumidas por parte de la familia, la madre en general, mientras el portador del síntoma niega tanto el sufrimiento como la necesidad de ayuda. Esta particularidad de formulación de la demanda, ya de por sí, plantea la necesidad de una intervención familiar. La razón de por que esto es así es porque o uno habla con el sujeto que formula la demanda completa, con los tres elementos, en este caso la familia, o uno no puede intervenir, mas que forzando a otro. A esta situación podríamos llamarla demanda disociada o delegada.
Todo ello hace que la demanda comprendida en ese rango de edad que reciben los ESMD sea diversa en cuanto a gravedad, amplitud de áreas afectadas, grado de reactividad, etc. Y por otra parte, podemos estar de acuerdo en la importancia de dar respuestas adecuadas en estas edades que son clave para la salud mental del futuro adulto. Dicha respuesta tendría que tener una triple vertiente que asumiera los tres aspectos nucleares explicados anteriormente: social, individual y familiar.
Aspectos evolutivos a resolver en esta etapa
Son aspectos que, en alguna medida se habrán planteado ya anteriormente y que nunca estarán resueltos del todo sino que se irán enriqueciendo, si todo va bien, con las distintas vivencias del sujeto. Sin embargo, en esta etapa son cruciales y afectan también a los tres ámbitos: social, individual - intrapsíquico y familiar.
- La identidad, que en la niñez es fundamentalmente familiar, se transforma en una identidad de grupo (importancia de la pandilla) y, paulatinamente en una identidad individual progresivamente más diferenciada.
- La identidad sexual y la orientación sexual.
- Las relaciones con los adultos, que deben ir tornando el cariz infantil en uno de mayor igualdad. Y, desde ahí, modificar la relación dependiente en una mayor responsabilidad y aceptación de límites.
- Las relaciones con los iguales. Competitividad y solidaridad deben complementarse permitiendo al chico identificarse con sus iguales y, al tiempo, diferenciarse, de forma que pueda clarificar sus metas individuales y mantener relaciones de amistad.
Propuesta de trabajo grupal
Planteamos un proceso grupal multifamiliar dirigido fundamentalmente a trabajar la problemática dependencia-independencia tanto a nivel individual como familiar, en todas las situaciones de demanda a Salud Mental comprendidas entre los 15 y 19 años (valorándose otras edades si la situación es similar), en las que consideremos se halle implicada dicha problemática. Sin perjuicio de que, en determinados casos, coexistan con tratamiento psicofarmacológico o psicoterapéutico individual o familiar, o sean seguidos por dichos procesos tras la finalización del grupo.
La focalización en este punto responde a nuestra consideración de que es un aspecto nuclear en estas edades que, posiblemente esté implicado en mayor o menor medida en todas las manifestaciones sintomáticas y de sufrimiento psíquico o relacional. De ahí que esperemos que el saneamiento de este foco permita la resolución de muchas de las dificultades o, al menos, la indicación del camino evolutivo a seguir.
También la focalización en el proceso dependencia-independencia sirve como reformulación del problema dentro de un marco social, cultural y evolutivo, alejándolo de la categoría de síntoma o enfermedad mental.
La selección y derivación de pacientes se hará, desde cada uno de los ESMD, en función del criterio de que la problemática dependencia-independencia sea clave en la presentación o mantenimiento del sufrimiento.
El proceso multifamiliar se prolongará durante 5 meses, desde Octubre a Febrero, con diferente periodicidad entre sesiones dependiendo del momento del proceso; contando con cinco sesiones conjuntas de cinco horas de duración y cinco sesiones para el grupo de adolescentes de dos horas de duración.
Limitamos el número de sesiones en atención a diversos factores:
- La gran cantidad de demandas de atención en salud mental en el sistema público de salud nos obliga a estar en continua revisión de técnicas y modelos de intervención de cara a lograr la mejor atención en el mínimo tiempo posible.
- La implicación en el proceso que pedimos a los padres no debe interferir seriamente en sus actividades laborales.
- Lo mismo ocurre en relación a las actividades formativas o, en su caso, laborales de los adolescentes.
- Nos interesa no cronificar la atención, ni a los adolescentes ni a sus familias, alentando procesos de cambio, cuidando que la dirección sea evolutiva y desmarcándolos de los señalados como "necesitados de ayuda psicológica o psiquiátrica".
El programa de temas a tratar y técnicas a utilizar en cada sesión es aproximado, adaptándolo posteriormente a la marcha del grupo y pudiendo añadir o suprimir alguna sesión, si se viera conveniente, durante el proceso.
El grupo está propuesto para asumir la demanda adolescente de las características citadas previamente, de tres ESMD: Camas, Macarena Norte y Rinconada, siendo asumido el proceso por un terapeuta de cada uno de los equipos: Berta Stiefel, Javier Díaz y Marisa Embid.
El número de participantes máximo es de 60 (20 adolescentes y sus padres y madres).
El lugar de encuentro será Sevilla, cercano a la estación de autobuses. En un centro cívico dependiente del Ayuntamiento. El sentido de sacarlos del ámbito medico trata de señalar la existencia de una problemática de falta de recursos culturales y sociales adecuados para esta situación de crecimiento y crisis de las familias, que no de una cuestión de insania mental del adolecente o la propia familia.
Primer bloque de trabajo
El objetivo de este bloque de trabajo será reformular la demanda depositada: "nuestro hijo tiene problemas" en otra del tipo "tenemos problemas con nuestro hijo" por parte de los padres. Y por parte del hijo la no asunción de la depositación manifestada como "yo no tengo problemas" en "me gustaría conseguir..."
Esto responde a un principio básico para el cambio, referido a que cada uno de los integrantes en una relación problemática, ha de hacerse cargo de su parte de contribución a que dicha relación sea problemática para que ésta cambie. Una postura resistencial típica es la de "todo mejoraría si él o ella hiciera...", que deja a todos los integrantes implicados en una red de interdependencia al servicio del no cambio.
Se propone diferenciar la demanda de los padres de la demanda de los hijos; trabajar los límites y el secreto (cuestiones de padres que no deben saber los hijos y viceversa, o escucharlas pero no opinar...) y tener en cuenta temas universales como la autonomía, la sexualidad o la intimidad para tratarlos a través de información preparada previamente o con un análisis sobre comentarios espontáneos.
En este sentido, la misma estructura de trabajo sirve como modelado a una forma de trato familiar respetuosa con la intimidad pero abierta a la comunicación, que fomenta la autonomía y responsabilidad de todos los participantes.
1º Sesión: Recepción de los jóvenes y sus familias.
Presentación de los terapeutas desde el recuerdo del adolescente que fueron en relación a sus familias (o desde los padres que son). Este estilo de presentación que incluye aspectos personales de los terapeutas tiene el sentido de servir de modelo y provocación (de llamar a la palabra) a la aceptación de todos los integrantes de su implicación personal en el problema, rompiendo la posible idealización de los lugares de "salud" o "normalidad" depositada sobre los terapeutas y/o los padres.
Presentación de las familias y de los problemas que los traen a la terapia. Para ello se proponen cuatro bloques de trabajo:
1. Presentación de cada familia con una frase definitoria de cada uno de sus miembros del motivo de demandar asistencia en los ESMD de origen.
2. Con todos los participantes en círculo, con propósitos de caldeamiento y provocación, se trabaja en el centro, a modo de pecera, un terapeuta con una familia durante unos 20 minutos, sobre cuál es su problema y cuál es su expectativa en este tratamiento. Después, un par de comentarios del resto de las familias que hayan suscitado lo escuchado (a modo de devolución o de reflexión por la identificación). Por último se repite la intervención con dos familias más (Podría ser como una presentación del hacer de cada uno de los terapeutas al grupo).
La pecera, es utilizada aquí como una forma artesanal de trabajar la observación de un grupo sobre otro (ampliamente utilizado en diversas formas de terapia familiar y sistémica) sin necesidad de espejos unidireccionales ni distintos espacios de trabajo. Permite la dedicación en profundidad a un grupo familiar con la seguridad de que dicho trabajo está incidiendo sobre un número mayor de personas, los espectadores, que harán diferentes grados de identificación con la familia protagonista. Al mismo tiempo, la prohibición de intervenir al grupo exterior dificulta la expulsión de la incomodidad en actividad motora (acting) y, por tanto, favorece una postura de escucha reflexiva. Si elegimos tres familias que manifiesten aspectos claros y diferentes del problema, por ejemplo una familia amalgamada, otra desligada, un divorcio emocional encubierto por la preocupación por el hijo, etc. las oportunidades de identificación y contraidentificación serán mayores.
3. Media hora para tomar café. Usada por los terapeutas para hacer una lectura de emergentes, y adecuar las próximas tareas al grupo.
4.Se realizan tres subgrupos en cada uno de los cuales estará uno de los terapeutas y una de las familias que intervinieron en el primer bloque junto con 5 ó 6 familias más (que se habrán autoseleccionado para cada pequeño grupo) para llevar a cabo un trabajo similar al del grupo grande con cada núcleo familiar. Los terapeutas podrán señalar la demanda delegada e intentar discriminar los pedidos correspondientes a padres e hijos.
El hecho de incluir a cada una de las familias que trabajaron con anterioridad en cada uno de los grupos responde a la utilidad de su uso como posibles coterapeutas, incidiendo así de nuevo sobre nuestra idea de crear un marco social, solidario y participativo, donde el poder recae sobre la propia experiencia de los integrantes más que sobre la sabiduría de los técnicos.
5.Por último, se forman un subgrupo de padres y otro de hijos. Existe la posibilidad de dividir a los padres en dos grupos, uno de madres y otro de padres aunque consideramos mas adecuada esta escisión para otro momento más avanzado de la terapia.
La escisión del grupo en estos momentos nos parece esencial para los adolescentes, para que tengan un encuentro entre ellos sin que los padres estén presentes, ya que las dos próximas sesiones serán para ellos solos, y nos interesa empezar a trabajar la pertenencia grupal para facilitar su asistencia. Así mismo empezamos a establecer la parte del ritual que implica la separación y la grupalización de los neófitos. Respecto a los padres, el excluir a los hijos de la conversación, pensamos favorecerá una respuesta proyectiva de la dificultad sobre los hijos que, a parte de servir de desahogo a todo el trabajo anterior, permitirá trabajar con mayor comodidad favoreciendo la discriminación de problemas depositados en los hijos sin minar la autoridad parental.
Tarea de la primera sesión conjunta padres-hijos.
Motivación a las tareas: Planteamos la dificultad del trabajo de padre de adolescente, y de ser hijo adolescente. La escuela para aprender es la propia experiencia. Sugerimos a los padres la posibilidad de aprender de su propia experiencia de adolescente, a través del recuerdo.
Para los padres: les consignamos la recogida de los recuerdos del adolescente que fueron (señalar los problemas que tenían, la relación con los padres, el nivel de comunicación con ellos, etc.). Una semana antes de la segunda sesión hablarlo con la pareja, y poner en común el trabajo de cada uno.
Decidimos dejar para el momento del grupo la reflexión sobre la similitudes y diferencias de sus situaciones con la de su hijo/a.
Para los hijos: reflexionar sobre: ¿Que está siendo mi adolescencia?
Utilizamos la prescripción de tareas, con el mismo sentido que se utiliza en diferentes modalidades de intervención terapéutica; básicamente: señalar como momento de reflexión y cambio el periodo intersesiones, promover una actitud activa y responsable ante el proceso terapéutico, y por último, detectar y trabajar las resistencias para el cambio representadas en las dificultades para llevar adelante las tareas consignadas. El tipo de tareas, más orientadas hacia el diagnóstico de la situación o hacia su modificación, dependerá del momento del proceso.
Postsesión: a las dos, el equipo de los tres coterapeutas y los dos observadores, tendrán unos minutos (¿quizás mientras toman unas cervezas?) Para poner en común sus impresiones sobre la marcha del trabajo.
1º sesión adolescentes
Trabajamos sobre la tarea propuesta.
El formato de trabajo será:
Hacer un juego psicodramático de caldeamiento (crear una historia etc.) El caldeamiento debe ir dirigido a dar respuesta a la pregunta formulada "¿qué está siendo mi adolescencia? Decidimos pedirles que se presenten haciendo una estatua de su postura en casa, en el Instituto, en el grupo de amigos y en las relaciones con las chicas. Todos simultáneamente. Elegimos la intervención psicodramatica dado que el adolescente tiende a disociar el discurso verbal, expresando ahí la idealización, de su experiencia emocional que tiende a ser actuada. El uso de esta técnica de intervención primero permite expresar la emoción en el juego, y posteriormente facilita un discurso verbal sobre lo hecho, facilitando la integración de ambos niveles de la experiencia. Pavlosky y cols.(1979) Pavlosky (1980).
Para favorecer el cumplimiento de la consigna en los adolescentes, planteamos la posibilidad de trabajarla desde la proyección con preguntas como "¿qué te hacen en casa?, ¿cómo respondes tú?, ¿qué te hace el otro sexo?, ¿qué le haces tú?". Seguimos con esto un esquema evolutivo, donde se da primero el reconocimiento de lo que uno recibe, y posteriormente se toma conciencia de lo que uno hace.
Por último, pensamos la posibilidad de consignar una construcción grupal, por ejemplo, una estatua grupal de padres y otra de hijos, que posteriormente pudieran ponerse en relación. Dudamos sobre si sería necesario construir las cuatro estatuas grupales (padres, Instituto, iguales y sexo opuesto) o con la de padres y sexo opuesto sería suficiente; también planteamos que, si decidimos subdividir al grupo, en el caso de las relaciones con el sexo opuesto la división nos vendría dada, siendo más complicado cómo elegir un grupo que construya la estatua de los padres.
Concluimos que la evolución nos la iría dando el grupo. Que el trabajo en esta sesión sería más dramático que hablado y que la construcción de estatuas y el trabajo sobre ellas iría saliendo del propio ritmo del grupo.
CIERRE: comentar qué les parece lo que han estado haciendo, qué les sugiere, cómo de diferentes eran cada una de esas relaciones cuando eran niños, etc.
Tarea de esta primera sesión:
Insistimos sobre observar ¿Qué está siendo mi adolescencia? Aportando algunos elementos concretos trabajados en la sesión.
2º sesión de adolescentes
Se celebrará dos semanas después de la anterior (una semana antes de la segunda sesión conjunta). Programamos un menor tiempo entre las sesiones, en este inicio de la experiencia, de cara a facilitar la cohesión grupal y el sentimiento de pertenencia entre los jóvenes. Dado que la vivencia subjetiva del tiempo se acorta en función de la edad, no consideramos que esto sea necesario en el grupo de familias.
El contenido será trabajar sobre la tarea: ¿Qué está siendo mi adolescencia?
Iniciamos trabajando sobre la tarea en grupo pequeño y con un secretario que devolverá al grupo grande la información del trabajo realizado. La idea es fomentar el trabajo entre ellos con la mínima interferencia de los adultos. Se comenta en grupo grande qué le ha parecido a cada uno el trabajo en grupo, y el trabajo en casa y seleccionamos tres protagonistas para la relación dependencia-independencia de aquellos que hayan expresado de forma más bruta los siguientes problemas: en el polo de la dependencia, una actitud de tipo autista y una actitud de tipo simbiótico; en el polo de la independencia elegir un líder de la autonomía y representarlo también.
Se saca al protagonista y se le pide que elija a alguien de padre y a alguien de madre y que represente una escena, por ejemplo, respecto a querer comprar ropa nueva.
Trabajaremos por escenas dejando que el discurso grupal sea quien determine ritmo y contenidos aunque procurando que el tema dependencia-independencia esté ahí. Al final se recoge esta problemática y se usa como motivación a la tarea.
Tarea de la segunda sesión de adolescentes.
Observación sobre el grado de autonomía-dependencia. Basado en :
1. Ver cuántas decisiones toma uno cada día: autodeterminación.
2. Registro de conflictos con los padres.
3. Ver cuánta de la ropa que tienen han elegido ellos. U otros objetos personales
4. Otros a determinar (ejemplo: manejo de dinero).
2º sesión conjunta padres-hijos
Se produce un mes después de la anterior y una semana después de la última del grupo de adolescentes.
1. Como caldeamiento: comentamos la complicación de la situación cultural de la adolescencia. Miramos más despacio la cuestión de la dependencia o cualquier otro tema relacional que nos parezca importante en el grupo en ese momento.
2. Pecera:
- Iniciamos con los padres en el círculo interior. Preguntamos quiénes han visto cosas que les aclaren respecto a la situación de su hijo; tanto en sus notas como en las que ha compartido con uno su pareja y trabajamos con ellos.
Si no hay puntos de identificación, trabajamos sobre las diferencias, las actitudes que no se comprenden en absoluto (identificación en reacción).
Comentario del grupo interno sobre lo que ha parecido el trabajo; después, comentario del grupo externo.
- Vuelta de la pecera, comentamos con los adolescentes qué han visto ellos en sus observaciones acerca de los conflictos en casa, su capacidad de autodeterminación, etc. Y también qué les parece lo que han oído de los padres.
3. Situación de grupo familiar:
Seis grupos familiares con cada terapeuta, para ver qué les dice toda esta experiencia respecto a la situación inicial.
Motivación a la tarea:
La idea a transmitir es que la dependencia está siendo mantenida por todos. Lo cual se puede mostrar visualmente con el grupo familiar cogido de las manos y echado hacia atrás que se mueve si lo hace uno de sus miembros. Sin embargo plantear una observación sobre ¿qué estás haciendo tú para mantener la dependencia? nos parece duro, sobre todo para los hijos. Por ello planteamos explicar la circularidad, hacer la imagen de la interdependencia, y plantear qué podría hacer uno para diluir el vínculo, todo ello como preparación a la despedida del niño y de los padres del niño. Realizar una reflexión sobre la dependencia como propia de los niños y la responsabilidad y autodeterminación como propia de la adultez. Incidir sobre el miedo a los cambios como cambio catastrófico, de ruptura, abandono o invasión, y la posibilidad de realizar cambios pequeños que alivien situaciones.
Tarea: Idear o buscar un cambio pequeño y concreto, que ellos puedan controlar y que no lo hagan. El cambio iría en la dirección de aliviar esta situación de dependencia.
OBJETIVO DE ESTA FASE: que todos entiendan que hay un problema de dependencia y que el niño debe hacerse más autónomo y los padres ayudarlo o, al menos, permitirlo.
Segundo bloque: trabajo en relación a la muerte de los aspectos infantiles y de su mantenimiento por parte de los padres y el nacimiento a una relación adulta (dependencia económica, no emocional)
3ª sesión adolescentes:
Dedicada a seguir trabajando el tema de la autonomía, siguiendo el ritmo y los intereses del grupo.
3ªsesión conjunta
Trabajo sobre la muerte y la despedida.
-En adolescentes: ejercicios de muerte y despedida.
- Con los padres: trabajar su salida de la casa de sus propios padres.
La sesión, de cinco horas se puede dividir en tres momentos:
- Un primer tiempo de reunión general en el que se plantee la necesidad de romper las dependencias y salir de la historia de dependencia infantil como cierre de la infancia. Se trataría de motivar la necesidad de la muerte y despedida del niño que soy (y del hijo/a que tengo). Tras ello, el trabajo se desarrollaría de la siguiente forma:
1º - Como caldeamiento, y durante dos horas, trabajar cómo el problema de la dependencia se manifiesta en las distintas generaciones. Hay dos posibles formas de trabajo:
1- Trabajar con una familia en que dicho aspecto sea claro, señalar las dificultades, etc. Tras ello planteamos qué está pasando en la casa de cada uno sobre este tema y separamos varios grupos para trabajar más directamente el tema de la dependencia de la familia de origen.
- Un grupo con los adolescentes.
- Dos grupos de padres. Planteamos dos posibles divisiones:
- En función del género: un grupo de padres y otro de madres.
- Dos grupos mixtos pero en los que no coincidan las parejas (por evitar la mezcla de la problemática de pareja con la de la dependencia de la familia de origen).
2. Hacer el diagnóstico de la situación de dependencia transgeneracional en cada familia y posteriormente pasar al trabajo por grupos.
2º- Trabajar con el grupo de padres y madres la despedida de la familia de origen.
Con los adolescentes la despedida de la situación infantil - Muerte del niño. Posibles formas de trabajar esto son:
1- a. Escribir un texto sobre mis rasgos infantiles de niño actualmente (todas las veces que pienso o pido que papá o mamá me resuelvan algo).
B. Quemar o destruir este texto como una manera de rechazar
simbólicamente lo que hay escrito (quizás tras leerlo públicamente).
2- Fantasía dirigida de asistir al entierro del niño que fuí, ver los asistentes, comentarios, etc.
3- Ejercicios de caída de Bioenergética.
4- Ejercicios respiratorios hasta perder la respiración.
Planteamos hacer una cadena de ejercicios y propuestas del tipo anterior para, finalmente, hacer un comentario sobre todos ellos. Hemos elegido esta variedad de ejercicios, para intentar incidir en el abanico más amplio posible de la experiencia humana para ahondar en la experiencia de la despedida. Los dos primeros hacen referencia al reconocimiento cognitivo, y por tanto involucran al hemisferio izquierdo; el segundo utiliza el pensamiento icónico, más cercano a la experiencia onírica y emocional; el tercero implica la memoria corporal, y su capacidad de evocar imágenes, emociones y recuerdos; el último provoca una alteración de conciencia que por su propia naturaleza simboliza la experiencia de muerte.
3º - 30 minutos de puesta en común. Se puede consignar que hablen en casa, como tarea, de lo que quieran en relación a lo que han visto.
4ªsesión de adolescentes
Dejamos una sesión prevista para trabajo con adolescentes en el intermedio entre la 3ª y 4ª sesión conjunta por si nos pareciera conveniente.
4ª sesión conjunta
- Trabajo con los padres: duelo de los padres del niño chico. Planteamos como posibilidad el hacer una fantasía dirigida de contacto con el niño desde que conocen que va a nacer, hasta el día de hoy; al final, una despedida donde él adolescente va a tomar sus iniciativas, y prolongar la fantasía hacia el futuro. (Nosotros intentamos trabajar de cara al presente y al futuro la posición de no control, de padres que van recibiendo la información que su hijo les pasa y no interfieren más allá).
- Con los adolescentes, hacer la fantasía dirigida desde el día de hoy y proyectarla al futuro en el sentido de cómo vivir en casa independiente pero con respeto hacia los demás.
Después de esto vemos qué les planteamos a los adolescentes y a sus padres, podemos ofertar un grupo a los chicos si vemos que es necesario, un grupo clásico de terapia de unos seis meses de duración, que pudiera estar abierto a otros integrantes. Las posibles salidas tras el trabajo grupal incluyen también: alta, escuela de padres, terapia individual, terapia familiar y terapia de pareja.
5ª sesión de adolescentes:
Dirigida a la planificación de un encuentro lúdico entre ellos como una facilitación y modelado del aprovechamiento y disfrute de la edad y el colegueo entre iguales.
5ª sesión conjunta:
Evaluación conjunta de la experiencia, qué temas hemos tocado, qué cosas han quedado pendientes, qué cambios ha habido en cada uno de los miembros de la familia y en los sistemas de relación padres-hijo, cómo seguir trabajando, etc.
Bibliografía
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