Una de Buenos y Malos.

Una experiencia en un grupo terapeútico.

Julían Alberdi.

La paz entre las personas llega despues de hallarla dentro dentro de uno mismo. No grites paz. ¿Por que hablar a gritos? Siembrala. Muestrala.


Esta historia sucedió en un grupo terapeútico que organicé en su dia en el Centro de Salud Mental donde trabajo. Este grupo comenzó en Septiembre del año 2000 y el contrato es de un año de duración.

Un buen dia aconteció que una de las asistentes se comportó de forma bastante violenta . La agresora, que a partir de ahora pasaré a llamar para mejor entendernos "la mala", es una persona inteligente cercana ya a la treintena de años, que vive aún con sus padres, amante del cine, lectora voluntariosa y conocida en nuestro Servicio por sus descargas de ira. Su madre, también clienta nuestra hace ya tiempo, fué la que nos alertó de que tenia en casa una fierecilla, que lejos de hacerle gracia, le asustaba bastante, ya que cuando se enfurecia podía llegar a mamporrear a quien se pusiera por delante cosa que generalmente solia ocurrir a su propia madre.

En el grupo esta persona se comporta - y ustedes personas especialistas en bregar con grupos de diversa naturaleza me entenderan pronto - como debe hacerlo una verdadera protagonista. No admite de buen grado que otra persona sea la que acapare con "sus cosas" más de tres minutos de la atención de los demás; sus gestos, entonces, traslucen un palpable desinteres. He de decir, que no es la única persona en el grupo a la que se le observan desconsideraciones de este tipo. También otros, cuando ella discursea, la miran con cara de lupa criticona.

Esto no siempre fué asi. El antes y el despues lo marcó una sesión psicodramática en la que nuestra "mala " hizo de protagonista. En el momento de compartir por parte de los demás lo que en cada uno había sugerido la escena que ella había traido, y a pesar de la indicación del conductor de permanecer a la escucha y en silencio, se sintió frontalmente atacada y decidió, cuando faltaban escasos cinco minutos para acabar la sesión, no pasar ni una más. "Ya he pasado bastante" , explicó más tarde. Y en actitud ciertamente espontánea, se puso a llamar puta a esta si y a esta otra también, gritando desaforadamente y en actitud inequívoca de no pasar ni una más y de poner a cada uno en el lugar que según ella le correspondia.

No voy a entrar aqui a analizar si tuvo razones para ello o no, si le dieron "caña" con poco tacto y mal estilo o no . No me extrañaría que asi fuera. Todo se desarrrolló con una velocidad inusitada. El director, o sea yo, debió de poner una impresentable cara de anonadado. Aquello a ella le habia enfadado, era evidente. Pudiera ser cierto que algunos de los otros "delinquieran" olvidando la consigna de hablar desde lo personal para extralimitarse en los consejillos e interpretaciones para con nuestra protagonista. Pero, por encima de estas consideraciones , ¡que virulencia! , ¡que reacción!.

Esta sesión, obvio, no fue una más. El grupo reaccionó apoyando en un primer momento a la llorosa victima . He de decir que, puestos a ver, yo vi más de un objeto de las iras de nuestra "mala", pero fué ciertamente la persona más directamente insultada, la que expresó al grupo con un disgusto enorme su intención de no hablar de ahi en adelante .

A partir de ese momento, esta persona no perdió oportunidad, con sus gestos, su postura corporal, su silencio....., de recordar a todos que habia sido maltratada y que era La Victima . Cuando otros miembros daban una pequeña muestra de salirse del tema para ella central de la agresión verbal abordando otras cuestiones, se apresuraba a culpabilizarlos , echandoles en cara su actitud, diciendo que estaba desconcertada y que iba a tirar la toalla, amenazando en no acudir más a las sesiones. Expresando que no entendia como se dejaban manipular por el director, qué cómo podían todavía seguir sus propuestas. Añadiendo, que éste no trataba a todos por igual. Que con algunos se mostraba muy pasivo y permisivo y que a otros no les facilitaba hablar de lo que verdaderamente interesaba.

Estas críticas al director cuando se dió la oportunidad mediante un ejercicio de sillas vacias , arreciaron desde todos los frentes. La agresora, ciertamente en esa fase muy aislada por el resto del grupo, expresó haberse sentido manipulada por el director, éste habría querido que eso pasasé y ella habiá sido la pagana. Muchos de los miembros del grupo también siguieron expresando durante bastante tiempo su malestar debido a que el director no permitía resolver de forma frontal el conflicto. Se expresaron diciendo que allí habia pasado algo muy grave, y como consecuencia de ello ya nada iba a poder ser igual. Ya no les quedaban ganas de nada, estaban decepcionados.

Esta experiencia que he querido traer aqui me sugiere dos tipos de reflexiones. La primera es sobre la naturaleza del papel del malo y del bueno en los grupos. La segunda sobre el papel del director o responsable de un grupo cuando surgen conflictos de enfrentamiento como el que he apuntado.

Que los extremos se tocan es ya conocido . En nuestra experiencia ha sido evidente las coincidencias que se han ido dando entre estas dos personas que podemos identificar como antagonistas.

Tanto la agresora "mala", como la agredida "buena", tenían biografias con puntos comunes donde aparecian historias de clara exclusión, relaciones con las figuras maternales muy conflictivas, aislamientos, etc.

Sus actitudes y sus comportamientos en el grupo al analizarlos con detenimiento se han mostrado como similares en muchos aspectos . Ambas estaban muy interesadas en defenderse y atacar. Se sentian aludidas personalmente muy pronto con cualquier comentario general. Mostraban mucho interes en aclarar sus intenciones, trás lo cual pasaban al contraataque. En definitiva, eran a ellas dos a las que más les costaba comentar otros aspectos que no tuvieran que ver con el enfrentamiento pasado.

A fin de ser objetivo me interesa matizar que entre ellas dos también se registraron matices diferenciales. Por ejemplo diré que esta ultima conducta comentada era más acusada en la "victima buena", ya que su antagonista "la mala" poco a poco pareció volver a comentar aspectos de su vida más personales, en apariencia por lo menos, fuera del conflicto vivido en el grupo, aunque , eso si, con temática indirectamente relacionada, como experiencias en su etapa escolar cuando otros compañeros le hicieron sufrir, etc.

Ambas despertaban en el grupo cierta reacción que yo veia cerca del temor o la inquietud. Y esto era palpable cuando cualquiera de las dos tomaba la palabra.

Fue muy ilustrativo lo que sucedió en un ejercicio .

Propuse hacer un collage colectivo con la ayuda de telas de diferentes colores, texturas y tamaños. Mientras que los otros ocho miembros del grupo colocaban las telas por ellos elegidas de forma diferente, bien longitudinalmente, a modo de circulo, de forma rectangular o de manera descuidada. Nuestras dos protagonistas, es decir, tanto la "buena" como la "mala" compusieron la misma figura, ambas construyeron con sus telas un cuadrado perfecto. Doblaron sus telas, que eran del mismo tamaño, cuatro veces por el centro y la colocaron en el suelo en posición muy similar . Otro miembro del grupo comentó posteriormente que estos cuadrados le habian sugerido una accción de guardar, dijo: "como que así queda algo dentro para que no se vea".

Esta experiencia me ha traido también, como decia, algunas reflexiones en cuanto al papel del director que trabaja con técnicas psicodramáticas.

La primera idea es sencilla en su enunciado , no tanto en su aplicación práctica. Esta es: el director de psicodrama dirige . No es de recibo esquivar responsabilidades del tipo de: "ya son Ustedes mayorcitos", "Ustedes ya saben lo que hacen", "si se pegan Ustedes tendran que reflexionar sobre su actitud y afrontar las consecuencias".

Las técnicas psicodramáticas son demasiado incisivas y rápidas. Precisan de un marco que de estructura. Expresar - como podría ser válido en otros enfoques grupales- que el límite está en la agresión física, podría ser peligroso. El límite de lo permisivo conviene marcarlo claramente cuando comienzan las agresiones, entendidas estas en un sentido mucho más genérico. De no ser asi, luego cuesta mucho más cortarlas. Estas agresiones acostumbran a aparecer en forma de alusiones personales o de consejos vestidos de buena intención.

Por no haberlo hecho en el momento adecuado, el director luego se suele ver obligado a señalar de manera firme, y recordar más de una vez, los límites de lo permisivo. El grupo suele vivir esto como algo punitivo, excesivamente represivo, se culpabiliza, se coarta en su espontaneidad y en definitiva favorece la articulación de defensas.

Es muy conveniente que el director tenga bien identificadas sus ambivalencias con respecto al grupo mismo. Que pueda este ver las limitaciones de sus miembros como áreas susceptibles de ayuda, de mejora. Que no las rechace y que no las viva como justificaciones para el desprecio y la agresión. Llevar al grupo, aunque sea inconscientemente, a una dinámica en la cual se actuen y sean palpables esos funcionamientos inadecuados no hace más que minar la autoestima y ahondar el sentimiento de inadecuación de muchos de nuestros pacientes.

Cuanto más esté el director en una lectura del registro grupal mas facíl le resultará entender que determinadas actitudes, pasividades o comentarios no son individuales aunque así se expresen, sino que pueden ser y suelen ser compartidas por una parte importante del grupo. Hacer lecturas grupales estos momentos ayuda a cada uno de los miembros a tomar contacto con partes de su yo en facetas menos identificadas.

No obstante, dicho lo anterior, convendría no olvidar que dirigir responsablemente, teniendo en cuenta estas y otras cuestiones técnicas de interes, en cualquier caso, no implica la garantia final del producto. Al director con su componente narcisista , asi como a los miembros del grupo con sus inercias dependientes , les viene bien oir de vez en cuando y creerselo eso de que "el grupo lo hacemos todos".